No es el mejor momento de su vida, quizá sea el peor, pero agradece.
Eleva la mirada y se conecta con la abundancia de la vida.
Ahora, J. está enferma, y es ahora cuando ve la vida de privilegio, la atracción por lo bello en lo más simple de su vida, que tantos días olvidó ver, por estar con auténtico apego a necesidades creadas.
J. agradece sin necesidad de acceso a lo extraordinario, baila, se mece en la contemplación sin análisis, en observar el momento.
Olvida deliberadamente el pasado, ese que siempre te trae dudas, dispersión, dolor…
Lo sustituyó por orden en su cabeza,
Un paseo con el perro, atada al presente como el perro a la correa,
Un café sin prisa, sin azúcar pero estirando y saboreando el tiempo con dulzura.
Sin mirar a distancias imposibles.
Aceptar la llevó a vivir en corto, en lo inmediato.
Intentó con todas sus fuerzas no rendirse, ver oportunidad en la luz que se cuela por la rendija del buen pronóstico.
Hizo inventario de aquello que la vida le había premiado, en lugar de visitar lugares de sufrimiento, llenó su corazón de todo lo que pudo agradecer.
Y su corazón cuando se colmó de esa gratitud, emoción desbordante, se derramó y alcanzó todo y a todos.
Fue un viaje extraordinario.
Una alucinación de calma, de recorrido, de flexibilidad, la llevó a disfrutar del tiempo con otra perspectiva.
“No es la felicidad la que nos hace agradecidos, ser agradecidos es lo que nos hace felices”
David Steindl-Rast.
Le resultó sorprendente sentirse agradecida en un contexto adverso pero ese era el desafío.
Echó el ancla en el presente porque es el único tiempo que puede disfrutar.
Es la única posibilidad para desplegar la vida.
Vivir atada al pasado crea una burbuja donde falta el aire, no lo superas porque nada puedes cambiar… J. lo sabe.
Cultivar gratitud le afinaba la atención,
podía llevarla a donde quería,
la movía por una partitura en clave de sol,
hacia delante y hacia atrás,
en un pentagrama que es el tobogán de abundancia de vida, de alegría y de todo lo que merece ser celebrado.
Sabe que también se ha afinado su sensibilidad.
El momento malo, el miedo asalta por sorpresa y la lleva hacia atrás.
Sin solución para neutralizarlo, intenta aprender a habitar la vida conviviendo con la incertidumbre.
J. quiere aprender a no exigir que nada la inquiete, aprender a vivir sin garantías.
J. tiene trabajo por delante, estar atenta, crecerse en la convicción de que puede.
Lo contrario es darle cancha al miedo y éste sabe cómo llevarte a perder…
Echó los cimientos para habitar lo que venga…






