Llueve. Es sábado.
El sonido del goteo en la ventana me avisa de que no hay prisa.
Puedo seguir leyendo.
Estoy con un libro de escritura, algo habitual.
No hay mucho aprendizaje sin lectura y leer sobre escritura me ayuda a las dos cosas. A leer y a escribir
Está interesante porque es un escritor contando cómo se inspira.
Qué le hace falta…
Qué hace, sin saltárselo nunca…
Cuando vives de tu creatividad, no puedes despistarte. No puede apagarse.
Él nos habla de que su paseo largo, no puede faltarle.
Al llegar de vuelta hace sistemáticamente tres hojas de escritura automática.
Esa que hacemos para soltar, para que vayan aflorando facetas tan íntimas que no las vemos en nuestra vida diaria.
Lo explica de una manera muy bonita.
Nos dice que esa escritura, la primera del día nos ayuda a metabolizar nuestra vida, episodios turbulentos o problemáticos.
Metabolizar, me encanta la palabra en este uso.
Dice también:
“A medida que adoptamos la práctica de poner la pluma en la página, aceptamos nuestros estados de ánimo. Aceptando nuestros estados de ánimo, nos volvemos íntimos con nosotros mismos y con nuestro Poder Superior. Experimentamos una conexión espiritual y esa conexión nos trae conexión a tierra y Paz”
Lo voy leyendo y lo que me aparece es coherencia.
Si repasamos las palabras en cursiva, estamos hablando de ejercicio físico, paseo largo, el cuerpo en movimiento como fuente de inspiración.
Esa comunión mente-cuerpo que se retroalimenta.
Prueba de lo que dicen los neurocientíficos que el ejercicio físico ayuda a despejar la mente, la red neuronal se beneficia con el movimiento.
Ayuda a salir del bucle en el que, a veces, entramos. Es lo que más evidencia científica tiene.
Escritura automática, esa que siempre te propongo, y lo explica como un agente que te ayuda a metabolizar tu faceta turbulenta. Cada uno la que tenga, claro…
Algunas cosas son difíciles de metabolizar pero esa comunión contigo, en calma, en un espacio absoluto, seguro, íntimo te pone en el camino de la transformación.
Aceptación, como base para el abandono de la lucha interna. Abandono del sufrimiento.
El equilibrio exige que sepamos elaborar rutas que nos resulten familiares como alternativa a ese momento lucha y rumia.
Saber movernos de ahí, (movimiento, meditación, escritura) es lo que toca porque sacarnos el problema de encima, nadie puede.
Lo que llega, a veces, es cruel, trágico…
Nos conviene saber cuidarnos para que nuestros altibajos no lleguen a la línea de desbordamiento…
La invitación es a soltarte a escribir.
Lo hago porque hay, en general, mucha resistencia a ello.
La resistencia a entender que el ejercicio físico te ayuda a despejar la mente y a relajar el torbellino de pensamientos perturbadores, también abunda…
Prueba, no discutas, no luches… Entrégate a mirar si te ayuda…
Nada tienes que hacer para medalla pero iniciarte en rutinas que te ayudan es aprender a cuidarse.
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