En tiempo de prisa y presión constante me encanta pensar en esa palabra que usábamos cuando jugábamos de pequeñas: “Casa”
Nos plantábamos en un refugio imaginario donde eras respetada, estabas a salvo.
Me gusta la palabra “casa” porque simboliza ese lugar donde sientes que reside tu seguridad, en el juego y en la vida.
En la meditación volver a casa tiene ese paralelismo. Aceptando el uso de hogar, claro.
(Etimológicamente “hogar” viene del latín: focus. Lugar donde alumbra el fuego)
Es volver a ti, a tu seguridad, a tu intimidad donde nadie entra, nada interrumpe.
La escritura tiene también esa vocación.
Te representa.
La mezcla de palabras la escoges tú, con intención.
Es a la vez ancla y recordatorio.
Es ancla para mantenerte en el momento presente, aquí en este instante.
Te enseña a ajustar la percepción, a no agrandar, a poner distancia,
Te enseña a relacionarte con la realidad respetando esa distancia.
Te trae calma.
Es recordatorio porque te descarga de tensiones. Irás al cuaderno para aligerarte.
El ancla te ayudará a permanecer.
El recordatorio será un nuevo camino donde anide tu flexibilidad mental.
Te hará compañía en tu travesía, en tu avance, en tu capacidad para equilibrarte.
Así que tenemos una actividad que es compañera y tiene un cometido ambivalente: es ancla y evolución a la vez.
La escritura es una forma de leerte.
Le quita peso a la memoria y sin embargo graba!
Graba permitiéndote ampliar el conocimiento de ti, reposarlo…
Así que tu cuaderno será tu memoria, para atesorar. Y pueda que después, en éste momento, ahora mismo, sea un tesoro.
Crear el hábito es aprender que tu día a día no es un estado, es una andadura.
¿Qué podemos decir ahora de esa mirada hacia dentro?
¿De ese lugar del que continuamente escapamos porque puede incomodarnos?
Mejor transitarlo, atravesarlo, para acostumbrarme a tener limpio, sacar las malas hierbas.
Cultivar para coquetear con mi bienestar…
Darme cuenta de que para llegar a la calma, el trabajo es de poda.
La escritura es un refugio, un sitio para vaciar tus secretos.
Un confidente que te permite soltar sin exhibirte.
Que respeta tu intimidad.
Cada día es nuevo, y tu cuaderno será la prueba de que cada instante está lleno de posibilidades.
Porque la escritura es lenta, enlentece el pensamiento. Te llena de momentos de reflexión.
Te hace consciente.
Esa escritura personal que no busca excelencia, que no está bien ni mal pero que sí recoge tu sentir.
Te invita a entrar en ti, a observar eso que no visitas mucho y que te afila como si fuera un lápiz la capacidad de percibir, la intuición, la escucha…
¿Qué es lo que percibo ahora? ¿Qué emoción se despierta? ¿Qué sensaciones me trajo? ¿Cómo enfoco esto ahora?
No recuerdo donde leí una frase y que la llevo conmigo hace tiempo porque me hizo consciente de que a veces, nuestro propio relato interior nos dificulta las cosas:
“Todos somos grandes guionistas del drama”
Todos en nuestras cabezas aumentamos el dolor y concluimos que lo que viene se teñirá del drama que siento hoy…
Eso no pasa cuando escribimos. Porque es tirar de un hilo que no te engaña, no aumenta, no miente.
Es un hilo de lo vivido, no de lo imaginado.
Ahí hay cancha para moldear, comprometernos a mejorar, o simplemente dejar fuera algo que nos ocupaba espacio en la cabeza.
Al escribirlo queda en el papel.
Fuera.
Libera espacio.
Algunos le llamamos calma.
También he leído una frase muy buena:
“Escribir diarios es activar el modo drone”
Repasar, modelar, reconstruir… A vista de pájaro…
Y es que si no escribimos, muchos detalles, no los recordaremos. Nos faltarán datos.
¡La escritura nos permite salir del drama, de la confusión, del miedo!
El folio en blanco es cómplice, lo he escrito muchas veces. Porque te permite transitarlo todo, nunca se opone. Admite todo lo que quieras poner.
Risas, broncas, frustración…
¡Te vacía!
¡Te aligera!
Nos ayuda a mejorar la concentración, a observar respetándonos, sin juzgar, a no engañarnos en nuestro análisis porque escribimos desde la emoción, con todo el cuerpo, sin tener que demostrar nada.
Y todo ello modela, trabaja y construye en ti.
Además de trabajar en nuestra área prefrontal permitiéndonos un análisis más consciente, nos ayuda en el procesamiento emocional, reduciendo la intensidad, y facilitando la regulación de una manera más efectiva.
Al mejorar la observación y el análisis fortalece nuestra resiliencia, fomenta la conexión y la gratitud.
Por todo hacemos los talleres de escritura personal.
Anótate en la web kikaevialab.com y pondremos fecha.
Mindfulness y escritura personal.
Te espero






