Aunque no suelo escribir sobre actualidad, estos días doy vueltas y me sale escribir sobre algo que, normalmente, silenciamos.
Te propongo una visualización.
Eres mujer.
Has nacido en Irán. Tienes cuarenta y siete años.
No has conocido otra cosa. Vives cubierta. Obedeces y hay muchas cosas básicas a las que no tienes derecho.
No puedes estudiar…
No puedes salir sola a la calle.
Ni cantar o hablar en público.
No puedes elegir ir sola a la peluquería para lucir un peinado nuevo.
Eres un cuerpo históricamente vigilado, regulado, castigado y vulnerado.
Te han convertido en un terreno político dominado por el “varón”
Eso sí es un patriarcado, ¿no?
Cuya influencia no deja lugar a dudas…
¿Quién elegiría esa vida voluntariamente?
Hay dolor, pero no es un dolor que esté circunscrito a una zona, no corresponde a un lugar.
Es una herida abierta en el alma de la humanidad.
Y el silencio, no es que sea cómplice, es que es opresor. Es ayuda, oxigeno para el régimen…
La respuesta a cualquier intento ha sido siempre violencia, represión, muerte.
Aún así, las mujeres se han rebelado.
Sacarse el velo, mostrar su cara y bailar dejando su pelo al viento es su muestra de rebeldía.
¿Te lo imaginas?
Desde aquí, pueden parecer pasos pequeños, inocentes, pero por primera vez han decidido algo sobre sí mismas… Su libertad.
Y no hay libertad cuando todo lo femenino es castigado o reducido.
Hoy caminan juntas.
No es política la consigna, es de humanidad, es espiritualidad: “Mujer, vida, libertad”
Es esa unión, “el grupo” el que les permite apoyarse unas en otras y así manifestarlo.
Lo que ocurre hoy en Irán no debemos verlo como algo ajeno…
Seguirlas, acompañarlas, y sostener esa escucha puede ayudar a que lo consigan.
El silencio las ningunea.
Que se hable de ellas, en todas las tertulias, programas y conversaciones privadas. Es una buena manera de saber dónde queremos estar y quién nos necesita para poder cambiar sus vidas y acompañarnos libremente.
Como tantas veces la consciencia nace en el dolor.
Leí en un artículo una frase que dice: “Lo espiritual no es evasión, es encarnación”
Perfectamente descrito.
El principio de la espiritualidad somática o encarnada sabe que la experiencia emerge desde dentro, del cuerpo vivo y sentido.
Cuerpo, mente y espíritu son caras de una misma realidad.
Así vemos que negar nuestra libertad más privada, de decisión, hasta en lo más básico, impide llevar una vida plena.
Por eso nos necesitan. El grupo, el apoyo siempre es bueno, venga de donde venga.
Tenemos que denunciar activamente los crímenes contra la dignidad humana.
Grupos de países, comunidades del tipo que sean, dejar constancia de que ese silencio, ese bloqueo, es violencia que anula vidas.
Por eso defiendo el grupo como punto de apoyo.
Meditar está bien, formar parte de un grupo de meditación es lo mismo pero con humanidad compartida.
Cantar es muy bueno para la mente y el cuerpo, cantar en una coral es compartir emoción, además.
No rechaces las actividades en grupo.
Te dan vida.
Y llevado al caso extremo de la rebelión de mujeres en Irán, es imprescindible. La unión hace la fuerza y el coraje.
No me interesa la política.
Considero esta lucha mucho más que derechos sociales.
Es defender la humanidad, que habita debajo de cada piel.
Disfruta cada día.






