Siempre a vueltas con el lenguaje.
Lo hago porque creo que es el responsable de algunos sentimientos que nacen en nuestra narrativa, del drama.
En otra entrada ya te hablé de que el lenguaje provocaba reacciones biológicas.
A ver, que nuestro lenguaje influye en el ánimo, estaba claro, pero cuando te lo explican bien, llegas a dudar del poder que tienen las palabras de derrumbar con efecto dominó, unas cuantas funciones fisiológicas. Por ejemplo, activar el miedo y todo lo que conlleva: Cortisol, adrenalina…
Hoy te hablo de Florence Scovel Shinn, una maestra metafísica que eleva el lenguaje a la categoría de programador.
Lo explica de otro modo y propone un método para tener consciencia en el lenguaje que utilizamos.
Ella afirma que no solo el pensamiento activa las respuestas en nuestra fisiología.
Dice que cada palabra que pronuncias activa un modelo oculto en el campo que te rodea. Y construye silenciosamente una realidad en la que vives.
Ella observó que, en las personas a las que ayudaba, sus vidas no reflejaban lo que deseaban, reflejaban sus palabras, su lenguaje.
De tal forma que el lenguaje no es solo comunicación. Es programación.
En personas que repetían:
“No tengo suerte”
“Nada funciona para mí”
Cada frase era una instrucción para su subconsciente y el campo que lo rodeaba.
Shinn enseñó que cada frase emite una vibración:
Si expresas miedo atraes miedo.
Si tus palabras expresan fe, atraen oportunidades.
Concluyó que tu lenguaje es tu varita mágica.
Dirige tu energía.
Construye el siguiente momento antes de que tú llegues a él.
Hablas tu camino y después lo transitas. Creas tu realidad.
Así que ella hablaba del primer principio:
“Habla solo de aquello que quieras ver multiplicado. Porque el campo no filtra la intención, sigue la vibración”.
Lo que dices y repites, se convierte en una frecuencia. La frecuencia, en un modelo y el modelo en la experiencia.
El lenguaje es manifestación.
Tu cerebro y, por tanto, tu subconsciente se creen cada palabra que dices.
Toman el lenguaje como instrucciones.
Así que cuando dices:
“No puedo hacerlo”, tu subconsciente lo registra como válido, como una orden y el campo lo devuelve como experiencia.
Así que el lenguaje, no sólo te convence, también te programa.
La neurociencia confirma:
Las frases afirmadas crean rutas neuronales.
El lenguaje repetido cambia las señales de identidad.
El cerebro se reorganiza para adaptarse a tus palabras.
La biología sigue a la convicción.
Ya sabes que debes hablar desde la versión de ti en la que te quieres convertir, en la que te gustaría ser. Y lo creas.
El método sería:
1.- Borra las palabras, sustituye frases que no representan lo que quieres sentir, en el momento en que aparezcan. Interrumpe ese modelo
2.- Habla desde la identidad que deseas. Usa un lenguaje alineado con tu futuro yo. Las palabras dirigen la vibración que permanece en tu campo.
3.- Repite. La repetición programa el subconsciente y éste programa tu realidad. Los cambios son de dentro a fuera.
Como puedes imaginar, esto te interesa.
Puedes entrenar para cambiarlo.
Vívelo como un juego. Cada pensamiento o frase negativa hay que reformularla hasta que me ponga en la nueva ruta neuronal para seguirla hasta conseguirlo.
Este ejercicio ya lo hacíamos pero ahora tenemos hasta el método:
Interrumpir el pensamiento, Reformular y Repetir, Repetir, Repetir
Reformular hasta que me coloque en la ruta de lo que quiero sentir y repetir.
¡Es un juego muy prometedor!
Ya sabes, ten mucho cuidado con lo que dices…






