Hay un poderoso impulso emocional cuando alguien nos habla mal.
A nadie le gusta una mala contestación, un exabrupto, un mal gesto…
A veces es difícil evitar reaccionar, consiguiendo simplemente responder.
Estamos acostumbrados a recibirlo como algo que nos llega por cómo somos, o porque quizás lo merecemos…
Y empieza a funcionar una indignación que se transforma en rabia o miedo, desde luego en malestar.
Pero no es así, no es lo que merecemos.
La persona que habla mal, no es por nosotros.
Todo se puede decir, todo.
Y a veces, es de agradecer una crítica respetuosa, constructiva, porque te abre un área de mejora.
La diferencia está en las formas.
Normalmente damos lo que llevamos dentro.
Quien vive en paz es lo que transmite.
Quien vive desde el malestar o la rabia suele terminar compartiéndolo.
Las personas, están proyectando sus penas, su estrés o sus frustraciones…
Por eso podemos darnos cuenta que no tiene nada que ver con nosotros, simplemente, nos tocó presenciar el momento en el que la otra persona llegó al umbral del desbordamiento.
No eres el problema.
Así que una vez explicado esto, tu actitud puede ser de escucha por si lo que te dice te sirve para mejorar algo, pero sin permitir que la carga emocional con que fue dicha, te afecte.
Ya sé que es difícil, pero se trata de poner las cosas en su sitio, no de absorber todo, ejercer nuestro liderazgo desde el corazón de harina.
Saber poner la armadura de hierro para protegerlo, es aplicar lo aprendido:
- “Soy blandita, puedo entender lo que me dices pero me protejo dejándolo fuera, mi armadura funciona”
Sin devolver el golpe, sin agresividad, con respeto, puedo ponerle límites:
- “Este tono no lo voy a permitir”
Pero siendo humildes, podemos preguntarnos si eso que me han dicho de malas formas, contiene información valiosa.
Puedo dejar fuera la parte que ataca y reflexionar sobre algo que me ayude y aprender.
Así que quédate con estas ideas:
1.- La opinión, el tono o la actitud de alguien, no determinan quién eres.
2.- Tu valor no depende de cómo te trate otra persona.
3.- Las personas no te dan lo que mereces, te dan lo que son.
Practica calma, atención y apertura.
Esto mejora tu flexibilidad mental que es lo que te ayuda a atravesar estas situaciones difíciles y vas aumentando tu estabilidad.
Investiga cuáles son tus rincones de paz para desplegarte en ellos.
Meditación, gimnasia mental, entrenamiento, llámale como quieras pero es lo que nos da ese fondo de calma.
Con la práctica se crea esa ruta en la que agrandamos la conciencia.
Se va nutriendo de ese poder de calma y queda instalada.
Ya sabes, siempre engorda lo que más alimentas.
Abandona la Mente de Mono, esa que va de un tema en otro y te estresa además de quitarte claridad.
Invierte en Mente río, que fluye, y lo que fluye está limpio, dice Ramiro Calle.
Esa capacidad de habitar ese momento que está entre el estímulo y la respuesta.
Habitarlo en silencio para consultar la respuesta, para evitar el impulso.
Te hará más libre…
Sí, ahí reside tu libertad.






