Le escribo a Elena para pedirle permiso.
Estoy escribiendo una historia donde el ejemplo es su caso y me gusta que lo sepa, no quiero escribir sin saber que cuento con su apoyo.
Ella como siempre es colaboradora y acepta encantada.
Elena es cálida.
Es una sonrisa plena.
Es, siempre, un corazón abierto…
La conozco a través de una amiga, que le recomienda que venga a hacer Mindfulness.
Viene mustia, afectada, en uno de esos momentos de la vida que te envuelve en el gris.
Aprende a meditar, se deja guiar, acude a las citas…
Escribe…
Cultiva paciencia, sabe transitar el proceso sin prisa, ¡no escatima esfuerzo!
Sostiene los días revueltos, porque ella ve, detrás de la nube, un sol espléndido.
Si es que ella es cálida y el corazón ve y atrae lo que es…
Viene, en realidad, porque nublada por el estrés y un disgusto que la aprieta y lo que en su cabeza se cuenta sobre él, no puede leer. No se concentra ni para leer una línea.
Necesita preparar una oposición para progresar en su trabajo y no puede.
El Mindfulness y su perseverancia hacen el trabajo.
Elena vuelve a concentrarse a placer.
La oposición la hace recorrer la lista hacia arriba y ya nunca le falta trabajo.
Después de esto se enfrenta a montañas grandes pero ya dirigiendo su pensamiento, su relato.
Esa voz interior que antes la martirizaba, ahora trabaja a su favor.
Todo alineado, todo en orden.
Han pasado años y Elena sigue presidiendo, dirigiendo su vida hacia el bienestar. Ha dejado atrás el lugar donde el malestar la tenía presa.
Y además de darme permiso para publicar su historia, me deja este testimonio.
Te dejo aquí la conversación:
-Hola Elena!
Estoy haciendo un artículo sobre el efecto del estrés en la atención y la concentración.
Estoy contando tu caso, como el estrés te impedía concentrarte para leer y querías preparar una oposición. Tengo tu permiso, verdad?
-«Por supuesto. Y me gustaría poder colaborar en algo, algo sutil pero para mí, muy grande.
El cambio tan importante que generó en mi vida e hizo que poco a poco fuese tomando conciencia y confianza en mi potencial, en mi fuerza. Como pacientemente fui tejiendo un palito sobre mi cuerpo, mi corazón y mi mente.
Como fueron generándose unas fuerzas internas, tranquilas y asumibles que me ayudaron a enfrentarme a trabajos que nunca había realizado y suponían un gran reto para mí, por la responsabilidad que requieren.
Al ir centrándome, sanando y sobre todo creciendo, fui consciente de que me abriste una puerta y yo seguí el camino.
Fluyo y me digo cada día: el reto de ayer me dio alas.
Vuelo desde lo alto y siendo consciente de los precipicios que siguen por algún lado, no los encuentro…
Sigo siendo cada día más y más fuerte, sana, noble y generosa.
He aprendido a quererme y por eso soy capaz de querer tanto.
Hoy la vida me sonríe, el trabajo, los compañer@s y un montón de vivencias. Sigo respirando y limpiando cada día. Y la tranquilidad de mi alma, la serenidad que tengo me ha dado la calma para decir, PUEDO. Gracias kika por esa puerta»
Gracias Elena por tanto.
En tu aprendizaje no estuviste sola.
Yo aprendí contigo.
Fue un proceso donde tu avance supuso para mí suelo firme donde pisar, experiencia y confianza en los procesos. Así que ¡la ayuda fue recíproca!
Humanidad compartida, una actitud muy Mindfulness…
Seguimos…






